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Disfrutar el camino...

May 19, 2017

 ¿Por qué lo hice? No lo sé... solo sé que me hizo libre, me puse un objetivo y lo logré!!!

 

Un día sentí la necesidad de hacer algo por mí, de encontrarme para tener un rumbo y por eso encontré lo que llaman Running, para mí "salir a correr". Encontrarme un rato con mi cuerpo, mis sentimientos, problemas pero sobretodo soluciones. Me ayudó a pensar mejor las cosas, a descargar, a volver a casa con una energía positiva para que la armonía de mi alma y de los que me rodean sea mucho mejor. Todo empezaba a cambiar, desde lo físico pero sobretodo por dentro y realmente cambió mi vida.

 

Corriendo vas midiendo cada paso, metro, kilometro, la mente y el corazón trabajan para vos, no para otros, ahí te das cuenta que si es para uno los músculos trabajando en equipo pueden mucho más de lo que imaginamos.

 

Me probé en una primera carrera de 6k, agosto del 2015, aun quería compañía, Patricio mi hermano fue el que estuvo, no pude terminar sin caminar unos 200 metros necesitaba recuperar aire y salir de nuevo, cuando termine dije esto recién empieza. Septiembre 2015 mis primeros 10 kilómetros ya corría solo. Ahí me dije en el kilómetro 3 "¿Que hago acá? ¿Para qué hago esto?" Me di cuenta que me sentía libre, pero para disfrutarlo aún más había que entrenar, entonces es donde empecé a prepararme de otra manera, esos 55 minutos en 10 kilómetros tenían que ser superados. Así fueron pasando carreras, minutos, kilómetros. Y en diciembre corrí la última del año lloviendo y logrando el mejor tiempo en ese momento: 45 minutos en 10 kilómetros. Dije "Maratón voy por vos", ese día tuve el agrado de contar con la compañía de Patricio otra vez.

 

Busque alguien que me enseñara a preparar una maratón, después de 3 meses de entrenamiento y mucho trabajo y no dar con el plan de entrenamiento, llega la frustración, te recomendaban no correrla, eso me genero internamente odio, desgano y bronca, pero no bajé los brazos. Si busqué alguien que guiara mi camino, tenía que saber escuchar y esperar el momento adecuado. En el 2016 julio mejore mi marca a 43:20 minutos en 10 kilómetros, en septiembre emprendí el viaje a Buenos Aires y en los 21 kilómetros hice 1 hora 45 minutos con poco entrenamiento. El objetivo era claro, debutar en la maratón de Córdoba.

 

Diciembre 2016 empezó la preparación, la fecha definida era 9 de abril.

 

Tuvieron que acomodarse en casa todos al entrenamiento, llegar y salir a correr, verme los findes a las 7 am que salía a los largos fondos de montaña para volver y querer dormir siesta. Regresar del trabajo y salir a correr y los chicos que tanto esperaban en el día, volver a esperar a que papa vuelva de correr. Mi mujer ni hablar el aguante, pero todo sabíamos que era hasta una fecha, tenía que llegar lo mejor posible a ese día, todo pasaba por la maratón. La ropa, la comida, los findes, horarios de entrenamientos, comentarios, fotos, Facebook, todo rondaba en ello. Los meses fueron pasando y la práctica  se puso dura, hasta que Abril llegó. Ya todos ansiosos, preocupados de que podía pasar, para ellos era una locura, para mí el reto que me había propuesto hacia más de un año, era como rendir la ultima materia de una carrera de cientos de kilómetros.

 

9 de Abril 5:15am: Sonaba el despertador y la carrera empezaba, ropa lista, reloj cargado, desayuno completo listo. Ella despertó como siempre a mi lado, se levanto como si estuviera llegando tarde a la largada.

6:30am: Llegamos al lugar donde todo empezaría, aun faltaba una hora pero las luces y el color hacia que la adrenalina subiera, el plan de carrera lo repasaba una y otra vez, recordar los entrenamientos, los errores que no podían volver a ocurrir, la seriedad que una proeza de esta índole necesitaba, una concentración que nada me la podía alterar.

7:00am: El profe dice a calentar y ahí solo quedaba mi mente, mi cuerpo y mi corazón. Empezaba a latir más rápido, respirar más profundo.

7:25am: Parado en la largada solo quedaba esperar la cuenta regresiva. Todos te desean suerte, de ahora en más solo depende de vos y que todo, todo valiera la pena.

7:30 am: La cuenta regresiva llegó a cero, salimos a mover las piernas, tenía que tener en cuenta que la gente no me llevara más rápido de lo que debía ir, concentración del kilometro 0 al 42.

 

Pasar al lado de mi mujer que me buscaba entre tantas camisetas iguales y no saber donde estaba, yo la vi, ella no; claro está que ese ser era inconfundible para mí, porque aun sin verme seguía mis pasos día a día porque ante todo quería mi bienestar y sabia que correr me hacia feliz.

 

Primera etapa era llegar a (la calle) Sagrada Familia, por ahí estaría él, ese acompañante fiel de estas locuras, parado en una esquina con celular en mano. Fue el momento que abrí los ojos para darme cuenta que no corría solo, que estaban ahí, no solo esperando, estaban en mi cabeza, en mis piernas, en mi mano escritos JOSE, JUANSE, MARU y nuestro objetivo 42K. Entendí que el objetivo no era mío, que al compartirlo y verlos ahí, era de todos. Eran las 9:00am cuando pase frente a mi hermano,  mandó la foto al grupo para avisar que estaba bien, me entere después obvio, pero inconscientemente sabía que en cada celular estaban siguiendo mis pasos. Según el profe tenía que llegar entero al (estadio) Kempes y así fue, volviendo por costanera podía constatar por tiempos y cuerpo que el trabajo estaba bien realizado, tenía que seguir concentrado 18 kilómetros más.

 

Segundo encuentro con mi compañero, otra foto y me canta el próximo encuentro, puente General Paz. En ese momento tome el primer gel, no quería llegar al muro que me agarró en un entrenamiento en el kilómetro 28, esta vez nada podía fallar, el muro no debía existir, los tiempos por kilómetro se mantenían y me sentía cómodo, quería llegar al siguiente encuentro, que era el otro pequeño objetivo que te vas poniendo en el recorrido.

Puente General Paz, y nadie me esperaba, incertidumbre de hasta dónde se estiraría ese encuentro. Llevo puesto un cinturón hidrante que por los puestos de agua vi que no me iba hacer falta, quiero sacarme ese peso en la cintura pero no estaba mi compañero, no había más tiempo para pensar en eso, el final aun está lejos y hay que seguir concentrado.

 

El cuerpo me hace seguir a buen ritmo y pasar corredores que van dejando que sus cuerpos de a poco bajen las revoluciones, yo seguía con la convicción de mi mente que los 5:30 era el ritmo que quería tener hasta el final para llegar a la hora programada.

Kilómetro 35 y antes de llegar al "Hombre Urbano", faltando solo 7 km, me pude dar cuenta que mi cuerpo iba llegar a esa meta en condiciones, sin dolor y de repente una sensación de emoción, alegría, y satisfacción me inundaron el cuerpo, las lágrimas no pedían permiso para salir pero el pecho se cierra y no era bueno, hubo que respirar profundo, “Fede cálmate aún queda trabajo por hacer”.

 

Mirando el "Hombre Urbano" pude divisar mi compañero, enojado porque me estiró el tramo pero feliz de verlo y que me vea bien, me saqué el peso de la cintura y dije "ahora es el tramo final, hay que encarar la peor subida de la carrera hasta el parque". El cuerpo quiso subir trotando pero la mente se cuido, caminamos la primera parte porque sabía que un esfuerzo en vano podría tirar todo por la borda en un calambre. La cuesta del diablo estaba superada y ahora por 3 kilómetros y medio solo restaba correr y manejar esas emociones para llegar al encuentro de todos. Me besaba el brazo de ellos, que siempre esperan, que me abrazaban mojado, que me piden la medalla, o la pregunta si había llegado a la meta. Una vez me dijo mi hija que no había llegado a la meta porque no rompí la cinta como los primeros, cosa de chicos.

 

Kilometro 40, en esa estación llena de superhéroes viéndote pasar, realmente te sentís uno más, yo puedo, lo estoy haciendo, no tengo capa, no tengo rayos láser, pero tengo un corazón y una razón para hacerlo, no me hacía falta nada más, resonaba la frase que el verdadero superhéroe es el que enfrenta sus miedos y los supera.

 

Kilometro 41,5, yo podía divisar gente que esperaba corredores, el micrófono de los locutores, el corazón que late y el lugar que quedaste que iban a estar esperándote, ¿Quienes?, ELLOS!!! Lo que forman parte de esta locura, los que están empujándote kilómetro a kilómetro, que te hablan al oído minuto a minuto, y los que te dan el aliento en cada situación de dificultad en el camino porque ya dijeron alguna vez que confían en lo que haces. Ahí estaban, estalló el grito de todos: EL PAPÁ!!!!,  no lo podía creer, estaban ahí, ellos viéndome llegar y para mi ellos eran mis ídolos solamente por estar ahí a mi lado esperando. Mi princesa, Josefina, con una remera de regalo que decía SI LO HICE!!!42K, ella tan fanática de su papá que solo piensa que gano carreras por las medallas que tengo, y yo solo quiero que aprenda a superarse a ella misma (que eso no es nada fácil). Él en brazos de su madre, mí ídolo, Juanse, Juan Sebastián, nombre que lleva en honor a mi ídolo, el que se supera día a día y me demuestra que todo se puede, que no hay que apurarse, solo ser constante y todo llega, no hace falta llegar antes que nadie, pero si disfrutar el camino y llegar a nuestro tiempo es la mejor forma de vivir, si hijo vos me mirabas pasar y me alentabas, pero siempre sabrás que mí ídolo sos vos. Amor, no alcanzas palabras ni hojas de libros para describir lo que es verte acompañándome en cada locura, vos que superaste barreras, a vos que realmente te pusieron piedras en el camino, que te tiraron con todo, vos si supiste superarte, evolucionar a la mujer que sos hoy y que me admires por mi proeza me hace verte aún más grande, porque sos inmensa, infinitamente Gracias. Mamá, incondicional a mi forma inquieta de buscar aventuras, de fierro en todas, ahí como mamá solo esperando que su hijo estuviera bien!! Y sí mamá, estaba bien.

 

Quedaban 400 metros para pasar la línea, el guía apareció de un costado y me acompaño 150m corriendo a mi lado de la mano, como diciendo hasta acá te traje disfrutalo, estas bien, me alegro que cumplas tu objetivo de la mejor manera, no lo dijo, no hizo falta. Ahí adelante te esperan tus compañeros, los que corren algunos días al lado mío, los que no saben mucho de mí pero en esto lo saben todo, sus consejos también acompañaron el viaje. Los vi y todos gritando, me golpeaba el pecho porque llegaba con el corazón, agradecido, lleno de emoción, con lágrimas en los ojos, logrando el objetivo y solo faltaban 50m. Miré el reloj de ese arco, marcaba 3 horas 56 minutos, bajar las 4 hs estaba cumplido, le había ganado a ese maldito reloj, mi mente triunfo sobre mi cuerpo y mi corazón supero el límite, crucé esa línea y ya nada podía sacármelo. ¡¡¡Lo logré!!! ¡¡¡Lo hice!!! ¿Y quién estaba esperándome ahí del otro lado? Sí, mi compañero, hermano, loco, y columna que me sostiene, quien fue compañero de muchas hazañas deportivas pero siempre yo lo tuve como ejemplo, ahora él me miraba con ojos de, "que grande MI HERMANO!!!". Recibí la medalla, la hidratación, salí de ese corralito de llegada y ya está, se acabo la carrera, terminé, solo restaba abrazar a mi compañero mirar el cielo y llorar, llorar por tantas cosas pasadas y no en las 3:56 hs, que no se olvidaran nunca, sino desde agosto del 2015 que junto a él empezó todo, lloramos, desahogo, emoción, … ese abrazo hubiera sido Papá,…..él apoyaba siempre todos los proyectos, aún sin estar de acuerdo, hoy no está, pero lo sentí, puedo mirar al cielo y decirle "Viejo, me recibí de maratonista!!", me superé a mi mismo, y hoy nada tiene más valor que eso.

 

Hoy si esta historia estuviera escrita en papel, estaría húmeda de lágrimas, y siento que será cada vez que recuerde la emoción de esa llegada. Para algunos una locura, para mí un mundo de sensaciones difícil de explicar. El logro no es solo mío, muchos personajes en esta historia son parte de la hazaña, correr me cambio la vida, la forma de verla, de relacionarse con uno mismo, de valorar las cosas, de cómo seguir este camino, una vida que se basa en sensaciones, emociones que tenemos que saber manejar con nuestra mente para que el cuerpo resista y que el objetivo que tenemos sea firme, que lleguemos de la mejor manera solo por nosotros, para ver para atrás y darnos cuenta que hemos disfrutado cada momento, sensación, encuentro; no hay mejor cosa que hacer algo por uno mismo y que lo disfruten los que más queremos. El triunfo no es mío, es de todos. Y como decimos los “runners”, ahora VAMOS POR MAS.

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