© 2015 by Gabo Runner. Derechos Reservados

  • Facebook - Black Circle
  • Twitter - Black Circle
  • Instagram - Black Circle
  • YouTube - Black Circle
Contacto: justrun.arg@gmail.com - +54 9 351 6886612 - Córdoba - Argentina

Crónicas de El Cruce 2018

March 23, 2019

 

  

Hola! Soy Caro, soy muchas cosas, pero una de la que más me gusta, es ser corredora.  Hace 18 años que corro, pero desde hace 10 participo en carreras principalmente de calle. 


Ocho años atrás, leí sobre una carrera que se hacía en la cordillera, cruzando los Andes. Y dije "quiero correrla". Pero no fue tan fácil! No soy profesional y la vida te va poniendo sus plazos, pero igual no importó. Sabía que si uno tiene paciencia, todo llega y en el momento justo. Ese en el que sabes que todo va a salir bien.


Y así, ocho años después de habérmelo propuesto, ahí estaba yo, parada esperando mi turno para subir al arco de largada. Al frente "solo" había 100k por completar y un lugar increíblemente hermoso por recorrer.


Atrás quedaban meses de entrenamiento, de esfuerzo, de cuidar la alimentación, de superar el cansancio y al mismo tiempo, tratar de seguir siendo la persona que tiene una vida, una familia, amigos, 3 perros, un trabajo oficial y varios paralelos, y varios etc.  Y… 45 años!


Y largamos, en grupos de a 5 para la foto. Primeros kilómetros por una calle y luego a trepar por un bosque de pinos, complicada tarea. Muchos corredores, el sendero estrecho, y yo que venía rápido ahí no podía avanzar. Hasta que siento una voz que me dice “¡Dale flaca! ¡Vamos que vos venís a buen ritmo!”. Y el tipo encaró metiendo grito "¡Permiso!". Y allá subimos. No recuerdo su número ni su nombre, pero le debo un gracias enorme. Después apareció la nieve. Nunca había estado en la nieve, así que fue un aprendizaje express. Entre patinadas y caídas finalmente entendí que en la nieve se corre y lo más rápido que puedas para no darle tiempo al pie a resbalar.


Al final de unos casi 29k de un hermoso día completé la primer etapa llegando 4ta en la general de mujeres. Todo era increíble, perfecto. Tomamos el transfer hasta el campamento y allí a buscar el bolso y conocer a la compañera con la que iba a compartir la carpa asignada. Nos fuimos encontrando con los compañeros del team. A todos nos había ido muy bien, estábamos súper contentos. Después de comer un riquísimo asado nos fuimos a relajar a la sombra y pasamos la tarde entre charlas y merienda. Cenamos temprano y a descansar. Se sentía un poco el cansancio y las piernas ya estaban empezando a ponerse duras.


A las 6:30 arriba. A preparar el bolso para entregar a la organización, revisar que todos los elementos obligatorios estuviesen en la mochila y ¡uff! ¡la cola para desayunar era enorme! Asi que comí algunas cosas que tenía en mi mochila y me fui a hacer la cola para ir al baño, que era inevitable. Ahí te mataba la ansiedad, ¡Parecía que no avanzaba nunca! Finalmente, un poco antes de la hora estipulada, me fui a la fila para tomar el transfer que nos llevaba a la largada. Con dudas sobre si me había abrigado lo suficiente, o si era demasiado… Estaba frío y los transfers demoraron un poco en llegar. Éramos muchos, todos querían subirse primero.
 

Unos 10 minutos después nos bajamos en un camino y corrimos a la línea de largada para estar lo más adelante posible. Todos apretados porque era angosto el camino… de pronto, una voz dice: “Chicos, por algún raro error, están en la largada equivocada" What??? Estresss!! Todos corriendo hasta el camino, ¡pasaban los transfer llenos! No importaba, nos íbamos subiendo como podíamos. Ya habíamos entrado en calor jaja.
 

Unos 30 minutos después nos bajábamos en la largada correcta. Otra vez a formar la fila de a 5 para la foto en el arco. Me encuentro a mis compañeros de Team, y largamos juntos. Arranque a buen ritmo. El entrenamiento había dado sus resultados. No tenía dolores, ni me sentía cansada. Todo el tiempo cuide la hidratación y la alimentación. Es clave para la carrera y la recuperación.


Ese día el clima no fue bueno. En lo más alto de la etapa el viento helado y el agua nieve nos acompañaron durante muchos kilómetros. No me había puesto la campera impermeable a tiempo por no parar, hasta que fue inevitable y con las manos heladas tratar de cerrar el cierre fue un imposible. Me pasaron unas 5 chicas, ya estaba... Ya no iba a ser tan buena la posición. Pero ya no me importaba, solo quería empezar a bajar, que parara el viento, ¡cerrarme la campera! Un poco más adelante le pedí a uno de los voluntarios que me ayudara con el cierre. Ya me sentí mejor. Trate de poner la mente en positivo y ajuste el ritmo, hasta llegar al "oasis". Tomé un poco de frutas, llene los bolsillos del chaleco de rocklets y seguí sin perder mucho tiempo. La llegada estaba muy cerca. Allá estaba el arco y el campamento. Una de las voluntarias alentaba a los corredores por su nombre.  A buscar el bolso y la carpa. Pasamos  otro día en el campamento compartiendo y conociendo gente. Para entonces, entrar y salir de la carpa era todo un reto. Los cuádriceps tenían la consistencia de un turrón de navidad abandonado.


A la mañana, con la lección aprendida, me levante y corrí a desayunar, después arme el bolso y me preparé para la última etapa. Esta vez, largamos desde el campamento. Ya sabíamos que era casi todo en bajada, excepto los primeros 12k. Increíblemente, cuando te paras en la largada ya no te duele nada, todo el clima del momento es de emoción y entusiasmo. Estábamos entre los primeros en salir, no lo dude, aceleré y mantuve un ritmo que sabía me iba a permitir subir esos 12k sin sufrir y sin parar. Cuando llegue al primer "oasis" sabía que iba en tercer lugar. También sabía que quedaban 22k y que mantenerme en ese puesto iba a ser difícil, pero no era imposible. Y allá fui. Cuando pise el pavimento en el km 22 pensé: “¡Ya está! Solo 12 km más. Como ir desde casa hasta el final de la costanera ida y vuelta... me relajo un poco y mantengo el ritmo”. En ese mismo momento, siento pasos, miro de reojo y veo unas medias fucsia avanzando. En mi cabeza sonó una alarma. Aceleré y corrí sin parar, escuchando todo el tiempo los pasos atrás,  a veces parecía que ya no estaban, de pronto escuchaba otra vez. ¡No daba más, pero no me iba a dejar pasar! Llegue a la playa, corrí con una energía que ni sabía que me queda en alguna parte del cuerpo, y cruce la alfombra. Y lo logré, ¡llegue tercera! ¡Y me entregó la medalla Elisa Forti! Y ahí estaban las familias de mis compañeros, y mis compañeros y todas las emociones y muchas lecciones aprendidas...


Más allá de la felicidad por el podio en la general de mujeres, puedo decir que El Cruce es todo un mundo de sensaciones! No es la carrera más técnica, ni más competitiva, pero si es diferente, es El Cruce, y por algo lleva tantas ediciones. ¡Y si te gusta la montaña, ve por ella!
 

Please reload

This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now